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Historia del lápiz
 
El considerado por muchos padre de la economía y autor de “La Riqueza de las Naciones”, Adam Smith, describió el funcionamiento de un mercado como si “una mano invisible” lo condujera hacia el equilibrio. Sin embargo, el propio Adam Smith reconocía que esta virtud del mecanismo de mercado sólo se da cuando existen las condiciones propias de la competencia perfecta. A continuación ilustramos con una pequeña paradoja, La Historia del Lápiz, sobre cómo funciona el mecanismo de asignación de recursos de un mercado bajo las ideales condiciones descritas por Adam Smith.
 
Información Adicional
   
Begoña Blasco



El considerado por muchos padre de la economía, Adam Smith, escribió:

Todo individuo trata de emplear su capital de tal forma que su producto tenga el mayor valor posible. Generalmente, ni pretende promover el interés público ni sabe cuánto lo está promoviendo. Lo único que busca es su propia seguridad, sólo su propio provecho. Y al hacerlo, una mano invisible le lleva a promover un fin que no estaba en sus intenciones. Al buscar su propio interés, a menudo promueve el de la sociedad más eficazmente que si realmente pretendiera promoverlo.

Adam Smith, La riqueza de las Naciones (1776).


Sin embargo, el propio Adam Smith reconocía que esta virtud del mecanismo de mercado sólo se da cuando existen las condiciones propias de la competencia perfecta. A continuación ilustramos con una pequeña paradoja, La Historia del Lápiz, sobre cómo funciona el mecanismo de asignación de recursos de un mercado bajo las ideales condiciones descritas por Adam Smith:

"Un precioso cuento titulado «Yo, el lápiz: mi árbol genealógico según fue narrado a Leonard E. Read» muestra claramente cómo el intercambio voluntario hace posible que miles de personas cooperen entre sí. El señor Read (culto, instruido, mordaz), en la voz del "lápiz de grafito, el típico lápiz de madera tan conocido por todos los chicos, chicas y adultos que saben leer y escribir", empieza su cuento con la fantástica afirmación de que "ni una sola persona (...) sabe cómo fabricarme". Prosigue entonces explicando todo lo necesario para fabricar un lápiz. Primero se obtiene la madera del árbol, "un cedro de fibra recta que crece en el norte de California y Oregón". Cortar el árbol y transportar el tronco hasta la vía muerta del ferrocarril requiere "sierras y camiones y sogas y (...) muchos otros pertrechos". En su fabricación, toman parte muchas personas y un sinnúmero de técnicas: en "la extracción de mineral, la obtención de acero y su conversión en sierras, ejes, motores; el cultivo del cáñamo y su paso por todas las etapas hasta llegar a la soga pesada y resistente; los campamentos de los obreros con sus camas y comedores (...) Incalculables miles de personas han intervenido en cada taza de café que beben los leñadores".

Y de este modo el señor Read continúa explicando el transporte de los troncos al aserradero, la sierra mecánica que convierte a los troncos en tablillas, y el transporte de las tablillas desde California hasta Wilkes-Barre, donde fue manufacturado precisamente el lápiz que narra el cuento. Y hasta aquí sólo tenemos la madera exterior del lápiz. La mina es de grafito extraído en Ceilán y debe someterse a complicados procesos.

El trozo de metal que hay cerca del extremo superior del lápiz es latón. "Piense en todas las personas -dice- que trabajan en la minería del cinc y del cobre y en todos los que tienen la maquinaria precisa para transformar estos productos de la naturaleza en brillantes láminas de latón".

Lo que llamamos goma de borrar no es tal goma. El señor Read nos aclara que el caucho sólo se emplea para ligar sus componentes y que la goma de borrar se hace realmente con un producto parecido al caucho, que se obtiene por medio de la reacción entre aceite de semilla de colza de las Indias Orientales Holandesas (actualmente Indonesia) y cloruro sulfúrico.

Después de todo esto el lápiz pregunta "¿Acaso hay alguien que se atreva a negar la afirmación que hice al empezar mi cuento, de que ni una sola persona sobre la Tierra sabe cómo fabricarme?"

Ni un solo individuo entre los miles que toman parte en la fabricación del lápiz llevó a cabo su tarea porque quisiera un lápiz. Algunos no han visto nunca un lápiz y no sabrían para qué sirve. Cada uno de ellos veía su trabajo como un medio para obtener los bienes y servicios que deseaba, bienes y servicios que hemos producido para obtener el lápiz que deseábamos. Cada vez que vamos a la tienda y compremos un lápiz, intercambiamos una pequeña parte de nuestros servicios por una parte infinitesimal de los que cada una de las miles de personas aportó para fabricar el lápiz.

Es incluso más asombroso que éste llegase a fabricarse. Nadie que ocupase una oficina central dio órdenes a estos millares de personas. Ninguna policía militar hizo cumplir unas órdenes, porque no fueron dadas. Quienes intervinieron en el proceso viven en varios países, hablan distintas lenguas, practican religiones diferentes, pueden, incluso, odiarse entre sí, pero ni siquiera esas diferencias impidieron su cooperación para fabricar un lápiz" .




1. Tomado de FRIEDMAN, M. y FRIEDMAN, R.: Libertad de elegir, hacia un nuevo liberalismo económico. Ed. Grijalbo, Barcelona, 1987, págs. 28 a 30.
   
 
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