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¿Puede una economía ahorrar demasiado?
 
La llamada "paradoja de la frugalidad" o "paradoja de la austeridad" o “paradoja del ahorro” expresa una situación en la que los esfuerzos de los perceptores de renta a favor de ahorrar partes de éstas de forma creciente, puede provocar un subconsumo que finalmente reduzca el flujo total de rentas de la economía. En suma, expresa un fenómeno que consiste básicamente en que un incremento del ahorro, bajo determinadas condiciones, puede reducir la renta nacional.La explicación de la paradoja es sencilla: cuando en una economía aumenta la propensión marginal a ahorrar, se reduce la propensión marginal a consumir. Si partimos de un modelo económico en el que la renta nacional viene determinada por el lado de la demanda, menos consumo significa menos gasto y esto nos lleva a un menor nivel de renta.La paradoja de la austeridad refleja un fenómeno económico de gran importancia: la interrelación entre los sectores económicos -en este caso entre los que ahorran y los que invierten- es una cuestión clave, por lo que, en realidad, la paradoja de la austeridad funciona exclusivamente como un fenómeno a corto plazo y en un modelo económico en el que la renta está determinada exclusivamente por el lado de la demanda. Sin embargo, a largo plazo, tal como el acervo popular presiente, la austeridad favorece el crecimiento económico porque el ahorro se convierte en inversión, eleva la producción potencial, y favorece en suma el desarrollo.
 
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Begoña Blasco



El consumo y su anverso, el ahorro, son grandes motores económicos. Si las economías domésticas perciben un cierto nivel de renta o de ingresos y lo gastan o consumen, esas rentas vuelven al ciclo productivo alimentándolo. Pero, si no consumen su renta, el ciclo podría interrumpirse y suceder que la producción decreciera. Es necesario, por tanto, que exista un canal a través del cual esos ingresos no consumidos por las familias vuelvan al ciclo económico, que esas rentas se canalicen hacia empresas que están necesitadas de ellas y que, de esta forma, encuentren la financiación necesaria para adquirir bienes de capital que incrementen la capacidad productiva del sistema en su conjunto. Así, el ahorro debidamente canalizado hacia la inversión, se convierte en un potente motor económico, pues para que aumente la capacidad productiva hace falta invertir y para esto, hace falta primeramente que se ahorre.

Sin embargo, se ha observado en ocasiones la llamada "paradoja de la frugalidad" o "paradoja de la austeridad", que expresa un fenómeno que consiste básicamente en que un incremento del ahorro, bajo determinadas condiciones como luego veremos, puede reducir la renta nacional. Un descenso en el nivel de ahorro, por el contrario, estimularía la renta nacional. La explicación de la paradoja es sencilla: cuando en una economía aumenta la propensión marginal a ahorrar, se reduce la propensión marginal a consumir. Si partimos de un modelo económico en el que la renta nacional viene determinada por el lado de la demanda, menos consumo significa menos gasto y esto nos lleva a un menor nivel de renta.

La consecuencia fundamental de la "paradoja de la austeridad" es que una recesión se puede combatir mejor estimulando el gasto que recomendando a los ciudadanos "que se aprieten el cinturón". En ocasiones, la consecuencia fundamental de la paradoja puede resultar ofensiva para muchos ciudadanos, que han sido educados en la creencia de que el esfuerzo personal, la austeridad y el trabajo duro son los únicos que pueden ayudarlos en épocas de crisis . De hecho, el papel del ahorro como pieza clave para la prosperidad y la riqueza es incuestionable en todo el pensamiento clásico. Por el contrario, la "paradoja de la frugalidad" les indica que para salir de una depresión hay que gastar, y que volverse más austeros únicamente serviría para empeorar aún más las cosas. Keynes llegó a afirmar que ésta es la demostración de que lo que debe entenderse como una virtud individual, a nivel nacional se convierte en un vicio.

Además, a pesar de los esfuerzos de las economías domésticas para elevar su nivel de ahorro, el ahorro de equilibrio sigue siendo el mismo porque su renta es ahora menor. Efectivamente, en el nuevo punto de equilibrio, el nivel de ahorro es el mismo que antes del período de austeridad . Realmente, consumen menos, pero su nivel de ahorro no es ahora mayor, dado que, en equilibrio, las decisiones de ahorro e inversión planeada deben de coincidir. Como la inversión planeada no se ha alterado, el nivel de ahorro de equilibrio es el mismo que antes, ¡pero con una renta de equilibrio menor!

Sin embargo, esta paradoja también tiene sus puntos débiles. Para empezar, es necesario que la economía se encuentre en una situación de gran desempleo de los recursos, de tal forma que un descenso en el nivel de gasto se traduzca automáticamente en una menor producción . Si la economía se encuentra próxima al pleno empleo, por el contrario, mayor gasto se traducirá probablemente en mayores precios y no en incrementos en el nivel de producción.

Por otra parte, estamos presuponiendo que las decisiones de ahorro e inversión están desconectadas: las adoptan dos grupos diferentes de agentes (generalmente familias y empresas), sin que exista ningún nexo entre ellos. Es decir, un mayor nivel de ahorro puede suponer un menor nivel de consumo, cierto, pero también podría suponer una mayor tasa de inversión que estimulara el gasto y la producción, de tal forma que la paradoja dejaría de funcionar. La economía no tendría por qué deprimirse ante un incremento del ahorro que se tradujera en una mayor demanda de inversión, aunque se redujera el consumo.

De esta forma, la paradoja de la austeridad pone de manifiesto que en los fenómenos económicos es fundamental la interrelación - en este caso entre los que ahorran y los que invierten- y la interacción entre las decisiones de unos y otros.

Esto último nos lleva de la mano a otra importante cuestión. La paradoja de la austeridad funciona exclusivamente como un fenómeno a corto plazo y en un modelo económico en el que la renta está determinada exclusivamente por el lado de la demanda.

A largo plazo, la austeridad favorece el crecimiento económico porque el ahorro se convierte en inversión, eleva la producción potencial y favorece en suma el desarrollo.




1. Vid. Lipsey,R.:"Introducción a la Economía Positiva", Ed. Vicens Vives, Barcelona, 1993, pág. 563
2. Vid. Sloman, J.: "Economics" Harvester Wheatsheaf Prentice Hall, 2ª edición, 1994, pág. 657.
3. Vid. Case, K.E. y Fair, R.C.: "Principles of Economics" Prentice Hall International Editions, 3ª ed., pág. 615.
4. Vid. Stiglitz, J.E.: "Economía", Ed. Ariel, Barcelona, 1995, pág. 857.
   
 
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