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1. ¿Qué mide el PIB de un país?
El valor de lo que produce
El valor de su riqueza
El valor de lo que consume
 
El PIB mide el valor de todo lo que produce un país o región (evitando duplicaciones) durante un período de tiempo (habitualmente un año) y es un error confundirlo con la riqueza o patrimonio (que es el resultado de una acumulación de rentas no consumidas de diversos períodos) o con el consumo (que es sólo una parte de lo que se produce e incluye además importaciones no producidas en el país).

Para más detalle:
¿Cómo determinar el nivel de vida de un país en su conjunto? ¿Qué mide y qué no mide el PIB? ¿Qué incluye la llamada «economía sumergida»?

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Nadie puede asegurar que vive mejor quien gana más o quien posee más riqueza. Pero la sabiduría popular insiste en que «poderoso caballero es don dinero», «las penas con pan son menos» y «a perro flaco todo se le vuelven pulgas». Así que, reconociendo de antemano sus muchas limitaciones, empezaremos por considerar renta y riqueza como indicadores del nivel de vida de las personas. Naturalmente, esta opción simplificadora hace más fácil comparar el nivel económico individual o familiar. Si no existiese fraude fiscal, nuestras declaraciones de Renta y Patrimonio serían la medida de nivel económico alcanzado en cada año. Por supuesto, lo que se deduce de esas cifras no es, con todos sus múltiples matices, la calidad de vida alcanzada. No se tiene en cuenta el tiempo libre de que hemos disfrutado, ni el valor implícito en muchas de las cosas que nos hacen la vida más feliz y que no son valorables en términos económicos. Pero es una primera aproximación.

Pasemos ahora de la escala individual al nivel colectivo de una ciudad, una región o un país en su conjunto. Podemos obtener una medida de su nivel de vida económico simplemente sumando las rentas obtenidas por todos los individuos que se integran en ese colectivo. O bien calculando lo gastado por la comunidad en todo tipo de bienes y servicios. O lo producido de esos bienes y servicios dentro de la ciudad, la región o el país, según se trate. Todo esto, con algunos matices que iremos introduciendo a continuación, es lo que se denomina PIB o Producto Interior Bruto.

Empecemos por sumar lo que se produce dentro de un país, pero evitando contar dos veces (o incluso más) algunos productos que se van incorporando como partes de los bienes y servicios que finalmente se utilizan.

Si una empresa produce por valor de 100 pero compra por valor de 40 a otras empresas, materias primas o productos intermedios, sólo la diferencia de 60 es el valor añadido. El PIB no es más que la suma de todos los valores añadidos de todos los productores de bienes y servicios o, lo que es igual, la suma de todo lo producido menos el valor de los productos incorporados en ese proceso.

Así, por ejemplo, en España y durante un año, se producen bienes y servicios por algo más de un billón de euros. En esta cifra están incluidas, por ejemplo, la producción de Volkswagen y también la de Michelín, con lo que los neumáticos incorporados a los vehículos están contabilizados dos veces. Eliminando estas compras de productos intermedios o, lo que es igual, sumando sólo los valores añadidos de cada actividad productiva, obtenemos el PIB, que es sólo algo superior al medio billón de euros en España, alcanza el billón en Italia, los dos billones en Alemania o los 8 billones para el conjunto de la Unión Europea.

Antes de pasar a establecer más matices, es importante hacer una referencia a estas macrocifras en billones, tan difíciles de manejar, con cierta sensibilidad, para cualquier persona no habituada a estas magnitudes. Hablar de billones o de miles de millones de euros o dólares en macroeconomía es algo tan habitual, pero tan difícilmente apreciable, como las referencias en años-luz al tratar de las distancias cósmicas. La única forma de interpretar cifras de tal tamaño es estableciendo referencias que puedan irnos resultando familiares: medio billón de euros de PIB, 300.000 millones de consumo de todas las familias, o una cifra similar de recursos de las Administraciones Públicas, 150.000 millones de exportaciones de bienes y servicios,...


En el PIB está valorada toda la producción de bienes y servicios que realizan no sólo las empresas (públicas o privadas; nacionales o de propiedad extranjera), sino también algunas personas a título individual o el propio Estado. Así, se incluye tanto la producción de una empresa de cerámica como la realizada por un artesano en su casa; tanto los servicios de una empresa de seguridad como los de los cuerpos oficiales de policía.

La mayor limitación es que el PIB sólo recoge el valor añadido de la producción de bienes y servicios que son objeto de compraventa, incluidos los servicios públicos valorados en este caso por lo que cuesta producirlos. Es decir, un automóvil se valora por su precio de mercado; el servicio de bomberos por lo que cuesta mantenerlo; el trabajo en el hogar de un ama de casa no se valora porque no cuesta nada.

«El producto nacional bruto es la medida más frecuente de bienestar económico general. Como tal, tiene algunas deficiencias obvias. Contabiliza el valor de todos los bienes y servicios producidos en la economía, pero no el valor del tiempo empleado en descansar en la playa. Pero también tiene otras deficiencias menos evidentes. Primero, realmente, no tiene en cuenta el valor de todos los bienes y servicios producidos en la economía. Muchos se producen dentro de la familia. Si usted mismo lava sus platos o paga a una asistenta por lavarlos, el beneficio final es un mueble lleno de platos limpios. Pero si usted paga a la asistenta, el PIB refleja este beneficio; si usted los lava, no lo recoge». Y si se casa con su asistenta, a partir de ese momento, tampoco.

Una forma de hacer estas grandes cifras más asequibles es referirlas a cuánto corresponde por persona o por familia, o bien limitarlas a un período temporal más corto. Así, medio billón de euros de PIB para unos 40 millones de españoles, equivale a 12.500 por persona o a unos 2.000 millones de euros por día de trabajo efectivo de todo el país.

Porque la realidad es que 1.000 millones de euros o de dólares es ya casi el orden de magnitud mínimo para juzgar significativas esas noticias económicas que leemos cada día sobre desviación en los presupuestos o variación en cualquier otra cifra «macro». Es útil disponer de algunos puntos de referencia para valorar el impacto macroeconómico de una política, la gravedad de una desviación presupuestaria la entidad de unas medidas de contención del gasto público o de un programa de inversiones. Menos de 1.000 millones empieza ya a resultar poco significativo a nivel macro, aunque conviene recordar siempre que de esta cifra corresponden aproximadamente 25 euros a cada uno de los 40 millones de habitantes de un país como España.


El hecho es que todas las cifras económicas han de tomarse como una aproximación y el PIB de un país es un claro ejemplo de ello. Aparte de posibles errores en la información, criterios siempre discutibles de valoración y la propia exclusión de algunas actividades (como el trabajo no retribuido en el hogar), está la ignorancia sobre lo que se denomina «economía sumergida» (o encubierta, oculta, informal, irregular, subterránea, etc.), que va desde el tráfico ilegal de drogas hasta las «chapuzas» o a pequeñas empresas no declaradas. Podemos estar hablando entre un 10% y un 25% del PIB oculto en los países industrializados, hasta una proporción de más de la mitad en naciones menos desarrolladas.


Sin embargo y con todas sus limitaciones, el PIB es un primer punto de partida para valorar la evolución del nivel de vida de un país y su comparación internacional, ya que se siguen unas normas de valoración homogéneas a lo largo del tiempo y similares para todo tipo de países y muy en particular para los que forman parte de un espacio económico común (como es el caso de los países de la Unión Europea, a través de su oficina de estadística, Eurostat).

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